Macedonia Blas Flores defensora de los Derechos Humanos #Indígenas #Fotografía

Macedonia Blas Flores, Indígena Otomí del municipio de Amealco de Bonfil, Querétaro, MÉXICO.

Macedonia Blas Flores

En el 2005 tuve un día de paseo por Amealco, ahí me encontré a Macedonia en la plaza principal en su puesto de artesanías, la reconocí porque meses antes yo la había visto en una entrevista televisiva que le realizó Adela Micha y en donde habló de una denuncia que había realizado y de la injusticia por parte de las autoridades de la que había sido objeto. Los hechos sucedieron el 23 de junio de 2003, cuando los chismes regados en la comunidad acusaban a Macedonia de adulterio, por lo que un par de mujeres golpearon a Macedonia hasta derribarla para después sujetarla y untarle una mezcla de chiles en sus genitales. Después de su debida denuncia, tardaron 6 años en detener a sus agresoras, algo muy común con nuestro sistema de justicia, por eso durante esos años, Macedonia luchó en contra de las injusticias hacia su persona y de otras mujeres indígenas en nuestro país, además de tener que trabajar para sostener sola a sus hijos.

En esa ocasión que la vi y platiqué con ella, me habló de varias anécdotas que tuvo al ir a la ciudad de México en donde convivió con algunos personajes de la política de los cuales algunos le brindaron su apoyo económico y material, gracias a que tuvo mucha difusión de los medios su asunto en Derechos Humanos. Me dijo que en una ocasión, en un evento con grupos indígenas en los Pinos, la entonces primera dama Martha Sahagún de Fox se acercó a ella y le dió discretamente de su bolsa $1,000.00 pesos mx, le dijo que no le daba más porque en ese momento no traía más dinero…

Macedonia fué Candidata al Premio Nobel de la Paz en 2005, fundadora de una organización no gubernamental de ayuda a los otomíes en 1997, y madre de 12 hijos. La siguiente entrevista habla de cómo ha hecho para cambiar su suerte y luchar por los derechos de la mujeres más desprotegidas de este país: las indígenas.

México, 11 Abril 2008 (Milenio). No deja de sonreír ni un instante. Parece alegre todo el tiempo. Como si todo lo que le tocó vivir no hubiera hecho mella en su optimismo. A los 50 años, Macedonia Blas Flores parece estar resignada: “Esa suerte me ha tocado”, dice, al recordar las desgracias vividas. Sin embargo, más que resignación, su historia es la de una mujer que tenía todo para perder, pero que sacó fuerza de su dolor y lo convirtió en un impulso imparable para evitar que otras mujeres, indígenas, pobres y víctimas de violencia, como ella, pasen por lo que ella tuvo que pasar.

Macedonia tuvo 12 hijos, de los cuales viven diez, nueve con ella, en su casa de San Ildefonso, comunidad de El Bothé, municipio de Amealco, Querétaro. El mayor tiene 30 años, y el menor cinco.

Macedonia se había dedicado casi toda su vida a elaborar artesanías, servilletas, manteles bordados, muñecas, y aún hoy hace unos pocos de esos objetos para venderlos en los encuentros a los que sale. “Ahora no sufro como antes, me quedaba… me pongo a pensar y me da tristeza recordar, nos quedábamos en las centrales o en los portalitos para atajarnos del agua cuando salíamos a vender nuestras artesanías”.

Macedonia comenzó a luchar con más intensidad por los derechos sexuales y reproductivos a partir de una dolorosa experiencia personal. Era un día de agosto del año 2003, cuando Macedonia iba caminando por la calle y fue agredida por dos mujeres, una madre y una hija. ¿El motivo? La acusaban de adulterio con el marido de ella (y padre de la hija), algo que no era verdad, pero que le costó un ataque lamentable a su intimidad, sólo porque las mentiras que un señor contó fueron creídas por su esposa.

No fue ese el primer episodio violento en la vida de Macedonia. Ella había sufrido violencia por parte de su marido. “Mi caso, yo lo viví y sufrí, por eso ahorita he luchado para que se busque un cambio, que las mujeres no sufran la violencia, que sepan conocer sus derechos, que sepan que cuando hay violencia hay que denunciar”.

—¿Cuál fue su caso?

—Me tocó un esposo alcohólico y después se fue y me dejó con 11 hijos. Luego sufrí violencia y hasta fui víctima de una mujer de mi comunidad. Yo trabajaba en los derechos de las mujeres y quizá por envidia ella me agredió, por celosa, porque su viejo me difamó. Hay hombres que son malos, les gusta difamar a las mujeres y yo no me quedo callada. Siempre lo he explicado y lo sigo trabajando.

—¿De qué la acusaron esa mujer y su marido?

—De adulterio, decían que yo andaba con ese señor. Yo había tenido un hijo con otro señor, y ellos decían que era de él. Fue bien feo el chisme, por eso a veces me pongo a pensar que hay gente cobarde. Lo decían así cuando saben que no era verdad. Creo que pensaron que no iba a salir adelante, pero no me quedé callada. Ahora ya se me olvidaron esos problemas, estoy viviendo una nueva vida, con las compañeras de otras organizaciones.

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Acerca de Citlali Medal

Diseñadora gráfica, fotógrafa, docente.
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